sábado, 13 de junio de 2009

6º Festival Almenara

Una año más la Asoción Radio Almenara, la radio libre y ciudadana que emite desde el 106.7 fm, sale a la calle con un festival de tres días para afrontar estos tiempos de crisis.
Del 26 al 28 de junio a partir de las 7 de la tarde. Música, teatro y actividades infantiles.
Parque del Canal (Rodríguez Sahagún). Entrada por paseo de la dirección 340. Metro Ventilla o Barrio del Pilar.
www.radioalmenara.net

Viernes 26: Final del V concuso de maquetas "Tetuán en vivo" con Nanai, Munduko Beat y Tikinautas. Grupo invitado: SUBLEVADOS. Taller infantil de juegos populares.
Sábado 27: Sistema de sonido vol. 5: Rap y Reggae al aire libre. Taller de graffitti.
Domingo 28: Comida popular, obra de teatro por la compañía del Hospital Puerta de Hierro, coplas con MºCarmen Cruz, debate sobre las radios libres,...

miércoles, 10 de junio de 2009


viernes, 15 de mayo de 2009

Cultura al alcance de los usuarios

Los medios de comunicación han revolucionado las costumbres de la humanidad. Hay un antes y un después desde que en el siglo XX alcanzasen su punto álgido los medios de comunicación convencionales. Ahora pasa exactamente lo mismo con Internet y no se puede frenar un cambio que resulta inevitable.

La Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, está decidida a poner mano dura a los “piratas de la Red”. La idea es que los usuarios no se descarguen contenidos sin pagar derechos de autor. Pero hasta qué punto resulta recomendable castigar a los “piratas” es una interesante cuestión. Pongamos un ejemplo: Internet ha supuesto el mayor empujón para todos aquellos pequeños músicos que no tenían posibilidad de vender su disco en tiendas convencionales. Las descargas musicales han abierto un extenso abanico de posibilidades y, por tanto, los usuarios han conocido grupos musicales que de ninguna otra manera conocerían. El estudio “Consumo de cultura en tiempo de crisis”, elaborado por una escuela de negocios noruega, asegura que las descargas ilegales podrían hasta favorecer las ventas legales. Según ellos, los aficionados a descargar música ilegal son propensos a comprarla legalmente en la Red. La razón quizá sea que la igualdad en el acceso a la cultura está creando una etapa donde el “saber” es vital y se ve favorecido.

El dilema está en que la defensa del derecho a la cultura pone en detrimento la industria cultural. Tal vez las empresas debieran darse cuenta que actualmente la gente lee, escucha música y ve más películas que nunca y que si no se han aprovechado de ello es por un exceso de rigidez. Ana Rodríguez López

lunes, 4 de mayo de 2009

Los estertores de la prensa escrita

El futuro de la prensa aún tiene que ser escrito pero, desde luego, no parece que la prensa tradicional, la del formato papel, tenga buenos augurios pronosticados. ¿Se puede evitar? Todo indica que no, sin embargo, la batalla de la prensa escrita por salvaguardar su parcela de comercio aún no ha acabado.

No se puede esperar otra reacción de los ciudadanos. Cuando surgieron los intercambios de música “peer to peer”, la gente hizo uso de la tecnología que hábilmente le habían persuadido a comprar los anuncios publicitarios y la utilizó a su favor. La gente dejó de comprar discos porque podía adquirir la canción gratis, es decir, utilizó los medios que las empresas le proporcionaban a su gusto. Algo parecido pasa con la prensa, solo que en este caso no se viola la legalidad ni los derechos de autor. En estos tiempos hay un flujo de información apabullante. Podemos encontrar información acerca de todo. Y la verdadera causa de todo esto es Internet. Las nuevas generaciones siguen leyendo, lo único que cambia es que ya no pagan por comprarse un periódico. En vez de eso lo que hacen es navegar por Internet, donde la información es mucho más variopinta que en la prensa escrita. Cambiarán las formas, pero el periodismo seguirá allí, al igual que los intereses empresariales y las relaciones “medios-política” continuarán existiendo.

Es natural que el cambio asuste. Pero la peor parte se la llevarán los periodistas, los más afectados, y los medios de comunicación, que habrán de actuar rápido para no perder poder. Dejaremos de leer la información tintada en el metro y nos tendremos que acostumbrar a las palabras digitales, o al menos a eso parece que tiende este siglo. Ana Rodríguez López

domingo, 26 de abril de 2009

La televisión que va devorando nuestra ética

La carencia de escrúpulos en la televisión es algo ya conocido. Todo vale mientras haya más audiencia, y todos sabemos que el ser humano se ve tentado a menudo por el morbo. Pero ésta no es excusa para dar validez a la emisión de cualquier contenido, y más aún si la retransmisión de dicho “espectáculo” entra en conflicto con la legalidad.

El desafortunado caso de Marta del Castillo ha sido, por desgracia, objeto del morbo salvaje de algunos programas televisivos. El pasado febrero, Telecinco difundía una entrevista que le había concedido la ex novia del asesino de Marta. Ahora, la Fiscalía de Sevilla pide una indemnización de 130.000 euros para la menor porque ésta chica solo tenía 14 años, aunque por lo visto, según la cadena, tenía edad suficiente para declarar en televisión a cara descubierta. Dejando de lado la discusión acerca de la ética de los programas de televisión, hay que tener en cuenta que la Constitución trata de proteger al menor en la circulación de información y opinión. El derecho a la intimidad y a la propia imagen debería ser, por ley, mayor para una persona de menos de 18 años. Sin embargo, el espectáculo y el morbo a veces no entienden de leyes. Por mucho que ésta joven insista en que accedió voluntariamente a ser entrevistada, la obligación de cumplir la ley no va a desaparecer. Sobre todo si la causa de haber una ley que defienda la intimidad es, entre otras, la sobreabundancia de morbo.

La televisión es un poderoso instrumento socializador cuya responsabilidad recae en los mandamás de las cadenas. Pero la ley está por encima de ellos y, además, si existe es para asegurarnos una programación un poco menos salvaje y morbosa. Ana Rodríguez López

Televisión pública: más calidad y menos debate

Tras el anuncio de Zapatero de reducir la presencia de la publicidad en la financiación de la televisión pública, ha surgido una pregunta entre algunos sectores de la población. La pregunta es: ¿se hace necesaria la presencia de una televisión pública? Las respuestas son de lo más variadas: algunos piensan que, al igual que no hay prensa pública, tampoco debería haber un servicio público en la televisión, y otros defienden la misión del Estado de ofrecer una parrilla televisiva fuera de toda pretensión comercial.

Quizá habría que analizar primero porqué hay un debate sobre la necesidad de financiar TVE. Parte de la causa del dilema se origina en la calidad de esta televisión. Es lógico pensar que si se va a reducir la publicidad, entonces parte del dinero habría de salir de las arcas públicas. Y entonces se hace más lógico pensar que si se va a financiar una cadena con los presupuestos del Estado (y no me parece mal pues es una fórmula que se utiliza para todo), ésta debería ofrecer unos contenidos diferentes al de las cadenas privadas. El problema es que no es del todo así. Como servicio público debería ofrecer una información y un entretenimiento que permitiese el desarrollo del individuo. Y el que no quiera ver un programa cultural o la emisión de una ópera, que se puede entender, que elija entre las otras cadenas que se nos ofrecen.

Tal vez deberíamos defender nuestro derecho a poseer una televisión alejada de toda pretensión comercial. Sabemos que los servicios públicos no siempre funcionan muy bien (veamos el ejemplo de la sanidad), pero en vez de erradicarlos seamos un poco menos bárbaros y tratemos de mejorarlos. Ana Rodríguez López

miércoles, 15 de abril de 2009

Poca fé ante la cumbre

Se espera que la cumbre del G-20 sea el primer paso importante para combatir la crisis financiera. A los políticos y periodistas se les llena la boca con palabras como “colaboración” y “esperanza”, pero tal y cómo ha empezado la cumbre resulta difícil creer en la solidaridad entre países. La idea de naciones luchando juntas contra la hecatombe parece un cuento de ciencia-ficción, o así la Historia Universal lo refleja.

El más fuerte manda, y ahora que EEUU se ha debilitado parece fácil contradecirles. Pero no resulta tan fácil el creer que la cumbre vaya a producir una pila de países unidos ante la catástrofe. De primeras vemos que el presidente francés, Sarkozy, y la canciller alemana, Merkel, ya han hecho barrera frente a Barack Obama nada más abrirse la cumbre. Así, en este clima de tensión, parece que la colaboración entre países no vaya a ser tarea agradable. La paradoja de esta situación es cómo los ciudadanos esperamos con ansia el triunfo de esta cumbre. Es lógico que queramos que la crisis termine, pero hay que recordar quién nos ha metido en el ajo y quién ha hecho que seamos el pueblo quién más afectado se vea por esta crisis. Los países representados en esta cumbre producen el 25% del PIB mundial. Son los países poderosos, los más ricos, y entre ellos se encuentran los grandes defensores del capitalismo. Y este capitalismo es el que nos está haciendo daño: ahora nos hiere a los ricos, pero siempre ha maltratado a los pobres.

Espero que haya una solución a la crisis, pero no para que sólo los países ricos vivamos bien, sino todos los países. Hasta entonces, la idea de naciones unidas contra el mal me parecerá una historia de ciencia-ficción. Ana Rodríguez López

viernes, 27 de marzo de 2009

El hábil raciocinio de las mujeres

La ampliación de la legislación del aborto está creando polémica sobre la capacidad de la mujer para elegir. Decidir interrumpir un embarazo es una decisión dura y es, además, una decisión a la que toda mujer teme tener que recurrir. Prohibir el aborto, salvo en los casos en que al Estado les parece conveniente, supone una falta de respeto a la capacidad de elegir de la mujer y a su facultad de sopesar las distintos factores para hacer lo que crea más conveniente en su caso.

Sabemos que el aborto es una realidad. Las mujeres abortan, pero lo hacen en clínicas privadas, pagando una cuantiosa suma de dinero y alegando riesgos en la salud de la madre. El hecho de tener que acudir a una clínica privada para hacer efectiva la interrupción voluntaria del embarazo supone una brecha de desigualdad entre la gente que puede costearse el aborto y la que no. La mujer no solo tiene derecho a decidir, sino que tiene también derecho a la sanidad pública.

Algunos sectores critican la posibilidad de que al ampliar la ley del aborto se consiga que las mujeres sean más irresponsables a la hora de tomar medidas anticonceptivas. La responsabilidad sexual de dos personas no ha de influir en la legislación del aborto. Más bien habría de afectar a la educación. El hecho de que el aborto sea legal no significa que la mujer se vaya a despreocupar de usar métodos anticonceptivos. Sería impactante que alguna pensara esto, puesto que tener un aborto es algo que toda mujer intenta evitar. Así que es mejor que dejemos que sea ella, con su capacidad de raciocinio, la que decida si es el momento, o no, de tener un hijo. Ana Rodríguez López

Todo por los estudiantes pero sin los estudiantes

El Plan Bolonia ya se puede palpar en nuestra sociedad. Pasó desapercibido. Apenas hizo eco en los medios de comunicación cuando, hace diez años, los ministros de educación de la Unión Europea firmaron por su imposición. Los movimientos sociales anti-Bolonia pusieron el tema sobre la mesa y desde entonces se ha originado un largo debate. La necesidad de una reforma de la Universidad es una idea compartida por muchos estudiantes. Sin embargo, esta reforma ha hecho caso omiso a las peticiones de los alumnos, los cuales se han congregado por toda Europa en un amplio, pero no escuchado, movimiento social.


El temor de muchos estudiantes, y docentes también, es que la universidad deje de ser un espacio público donde se desarrollen las ideas del estudiante y pase a ser una prolongación de las empresas. La entrada del mercado en la financiación de la educación hace que la Universidad se doblegue ante las exigencias de las empresas. Una buena manera para que el Estado reduzca el gasto público y las empresas fabriquen a sus trabajadores ideales.


Otro inconveniente de esta reforma es la manera de acceder al Postgrado. A no ser que tengas entre dos o cinco mil euros, resulta imposible acceder a él. Y teniendo en cuenta que el tiempo del estudiante está totalmente administrado por los profesores, resulta difícil compaginar estudios y trabajo. Esto, y mucho más, es denunciado por muchos estudiantes, pero no son escuchados. Todo por los estudiantes pero sin los estudiantes. Ana Rodríguez López

viernes, 6 de marzo de 2009

La Democracia y la ley del más fuerte

Las elecciones vascas han originado una gran polémica en la que se ha puesto de relieve los grandes déficits de la democracia. Y es que la democracia es la ley del más fuerte. El que gana, manda, y los que no prediquen con él tienen dos opciones: confiar en la política que se haga desde la oposición, eso si tienen suerte, o confiar en el resurgimiento de las minorías más marginales.

En 30 años, Euskadi solo ha conocido una forma de hacer política, la del PNV, desde Lizarra hasta Ibarretxe. Quizás en múltiples formas, pero en esencia solo una manera de hacer política, una política soberanista, nacionalista y personalista. Es una opción de ejercer el gobierno en el País Vasco, pero sería mucho más válida si fuese lo que desea la mayoría del pueblo vasco. ¿Nos olvidamos de toda esa gente que no vota a Ibarretexe? Tal vez sea ya hora de darles una oportunidad a toda esa gente que no vota al PNV. Tal vez, después de 30 años, sea hora de establecer el cambio. De esa manera, dentro de cuatro años, sabremos si la política de Ibarretxe es más acertada de la que podría hacer Patxi López o cualquier otro candidato.

No siempre es bonito ver durante tanto tiempo a un partido en el gobierno. A veces ocurre porque no hay nada mejor, otras veces porque tenemos un partido tan metido en la cabeza que es imposible pensar en otro, quizás otro que salga menos en televisión. Y otras veces porque en ocasiones se hace difícil creer en la democracia, y nos resignamos a votar lo que hay. Votar y callar. ¿O no es difícil imaginar que algún día pueda ganar las elecciones generales del país un partido que no sea PSOE o PP? Difícil pero interesante. Ana Rodríguez López

jueves, 19 de febrero de 2009

La conciencia de la Democracia

El intento de golpe de Estado que supuso el 23-F, en el año 81, significó una auténtica pesadilla para la democracia en España. Miembros de la Guardia Civil asaltaban el Congreso de los Diputados con el objetivo de desbaratar el sistema democrático y desbancar la Constitución que los ciudadanos habían aprobado mediante referéndum.

Algo que se puede sacar en claro de este día es que la mayoría de ciudadanos estaban de acuerdo en una cosa: mediante la fuerza no se debería imponer un gobierno. Sin embargo, los intentos de golpe de Estado en otros países suelen pasar muy desapercibidos en nuestra prensa. En agosto del año pasado, Evo Morales alertaba en una entrevista sobre la presencia de una “dictadura civil” en su país que atentaba contra la democracia. El aviso sobre el probable golpe de Estado no hizo eco en los medios a pesar de la gravedad de los hechos. Quizás esto se debió a que el presidente boliviano relacionó esta intentona golpista con la embajada de EEUU en La Paz. Algo similar ocurrió con el intento de golpe de Estado sucedido en la Venezuela de Hugo Chavez, en 2002. Según el presidente venezolano, este intento de derrocar al Gobierno fue promovido por el ex-presidente estadounidense George Bush. Esto no se pudo ver en ningún medio, al igual que tampoco pudimos enterarnos de la posibilidad de que José María Aznar, por aquel entonces Presidente del Gobierno de nuestro país, hubiese apoyado el golpe.

El 23 de febrero de 1981 un golpe de Estado era visto como una de las peores pesadillas que pueden darse lugar en un sistema democrático. Hoy en día parece que los intereses políticos, empresariales y, por extensión, periodísticos ganan terreno a los valores democráticos. Ana Rodríguez López

jueves, 12 de febrero de 2009

Los riesgos de la retórica ingeniosa

Los sofistas, un grupo de maestros griegos empeñados en recalcar el poder del lenguaje, fueron hábiles impulsores de lo que denominamos retórica. Esta palabra que les acabo de mencionar se refiere, según la enciclopedia Larousse, al “conjunto de procedimientos y técnicas que permiten expresarse correctamente con elocuencia”. Sin embargo, otra definición que ofrece esta reputada enciclopedia (aunque en desuso, creo yo, por la progresiva utilización de Wikipedia) la caracteriza como “palabrería, abundancia de palabras sin contenido o sin utilidad”.

Ciertamente, a veces es difícil distinguir entre un discurso inteligente, lógico e imponente por la forma del lenguaje, y un discurso igualmente imponente y señorial en su forma, pero absolutamente trivial y hueco en su contenido. Protágoras, destacado miembro sofista, decía que el dominio del lenguaje debía ser capaz de “convertir en sólidos y fuertes los argumentos más débiles”. Esta es una herramienta muy utilizada por los grandes oradores y embaucadores. En un relato del libro “El rombo de Michaelis”, de Fernando Rayuela, se cuenta la historia de un pescador sofista que, haciendo mano de su ingeniosa retórica, consigue venderle a sus clientes pescado en mal estado. Su argumento era que con las palabras y argumentos adecuados es posible que los compradores creyesen sus explicaciones culinarias sobre porqué era mejor el pescado podrido. Quizás este parezca un ejemplo exagerado, pero lo cierto es que continuamente estamos expuestos a la hábil retórica de oradores que no siempre son lo que parecen.

A diario percibimos decenas de mensajes publicitarios, escuchamos discursos políticos, nos exponemos a la fina oratoria de personas que se encuentra a nuestro alrededor y que, a menudo, nos convencen de cosas que no creemos. ¿No deberíamos pararnos de vez en cuando y reflexionar sobre esos discursos que oímos a diario? Porque quizás esas ideas que nos meten en la cabeza no coinciden con nuestra forma de pensar. Ana Rodríguez López