El intento de golpe de Estado que supuso el 23-F, en el año 81, significó una auténtica pesadilla para la democracia en España. Miembros de la Guardia Civil asaltaban el Congreso de los Diputados con el objetivo de desbaratar el sistema democrático y desbancar la Constitución que los ciudadanos habían aprobado mediante referéndum.
Algo que se puede sacar en claro de este día es que la mayoría de ciudadanos estaban de acuerdo en una cosa: mediante la fuerza no se debería imponer un gobierno. Sin embargo, los intentos de golpe de Estado en otros países suelen pasar muy desapercibidos en nuestra prensa. En agosto del año pasado, Evo Morales alertaba en una entrevista sobre la presencia de una “dictadura civil” en su país que atentaba contra la democracia. El aviso sobre el probable golpe de Estado no hizo eco en los medios a pesar de la gravedad de los hechos. Quizás esto se debió a que el presidente boliviano relacionó esta intentona golpista con la embajada de EEUU en La Paz. Algo similar ocurrió con el intento de golpe de Estado sucedido en la Venezuela de Hugo Chavez, en 2002. Según el presidente venezolano, este intento de derrocar al Gobierno fue promovido por el ex-presidente estadounidense George Bush. Esto no se pudo ver en ningún medio, al igual que tampoco pudimos enterarnos de la posibilidad de que José María Aznar, por aquel entonces Presidente del Gobierno de nuestro país, hubiese apoyado el golpe.
El 23 de febrero de 1981 un golpe de Estado era visto como una de las peores pesadillas que pueden darse lugar en un sistema democrático. Hoy en día parece que los intereses políticos, empresariales y, por extensión, periodísticos ganan terreno a los valores democráticos. Ana Rodríguez López
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