Los medios de comunicación han revolucionado las costumbres de la humanidad. Hay un antes y un después desde que en el siglo XX alcanzasen su punto álgido los medios de comunicación convencionales. Ahora pasa exactamente lo mismo con Internet y no se puede frenar un cambio que resulta inevitable.
La Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, está decidida a poner mano dura a los “piratas de la Red”. La idea es que los usuarios no se descarguen contenidos sin pagar derechos de autor. Pero hasta qué punto resulta recomendable castigar a los “piratas” es una interesante cuestión. Pongamos un ejemplo: Internet ha supuesto el mayor empujón para todos aquellos pequeños músicos que no tenían posibilidad de vender su disco en tiendas convencionales. Las descargas musicales han abierto un extenso abanico de posibilidades y, por tanto, los usuarios han conocido grupos musicales que de ninguna otra manera conocerían. El estudio “Consumo de cultura en tiempo de crisis”, elaborado por una escuela de negocios noruega, asegura que las descargas ilegales podrían hasta favorecer las ventas legales. Según ellos, los aficionados a descargar música ilegal son propensos a comprarla legalmente en la Red. La razón quizá sea que la igualdad en el acceso a la cultura está creando una etapa donde el “saber” es vital y se ve favorecido.
El dilema está en que la defensa del derecho a la cultura pone en detrimento la industria cultural. Tal vez las empresas debieran darse cuenta que actualmente la gente lee, escucha música y ve más películas que nunca y que si no se han aprovechado de ello es por un exceso de rigidez. Ana Rodríguez López
La Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, está decidida a poner mano dura a los “piratas de la Red”. La idea es que los usuarios no se descarguen contenidos sin pagar derechos de autor. Pero hasta qué punto resulta recomendable castigar a los “piratas” es una interesante cuestión. Pongamos un ejemplo: Internet ha supuesto el mayor empujón para todos aquellos pequeños músicos que no tenían posibilidad de vender su disco en tiendas convencionales. Las descargas musicales han abierto un extenso abanico de posibilidades y, por tanto, los usuarios han conocido grupos musicales que de ninguna otra manera conocerían. El estudio “Consumo de cultura en tiempo de crisis”, elaborado por una escuela de negocios noruega, asegura que las descargas ilegales podrían hasta favorecer las ventas legales. Según ellos, los aficionados a descargar música ilegal son propensos a comprarla legalmente en la Red. La razón quizá sea que la igualdad en el acceso a la cultura está creando una etapa donde el “saber” es vital y se ve favorecido.
El dilema está en que la defensa del derecho a la cultura pone en detrimento la industria cultural. Tal vez las empresas debieran darse cuenta que actualmente la gente lee, escucha música y ve más películas que nunca y que si no se han aprovechado de ello es por un exceso de rigidez. Ana Rodríguez López