viernes, 27 de marzo de 2009

El hábil raciocinio de las mujeres

La ampliación de la legislación del aborto está creando polémica sobre la capacidad de la mujer para elegir. Decidir interrumpir un embarazo es una decisión dura y es, además, una decisión a la que toda mujer teme tener que recurrir. Prohibir el aborto, salvo en los casos en que al Estado les parece conveniente, supone una falta de respeto a la capacidad de elegir de la mujer y a su facultad de sopesar las distintos factores para hacer lo que crea más conveniente en su caso.

Sabemos que el aborto es una realidad. Las mujeres abortan, pero lo hacen en clínicas privadas, pagando una cuantiosa suma de dinero y alegando riesgos en la salud de la madre. El hecho de tener que acudir a una clínica privada para hacer efectiva la interrupción voluntaria del embarazo supone una brecha de desigualdad entre la gente que puede costearse el aborto y la que no. La mujer no solo tiene derecho a decidir, sino que tiene también derecho a la sanidad pública.

Algunos sectores critican la posibilidad de que al ampliar la ley del aborto se consiga que las mujeres sean más irresponsables a la hora de tomar medidas anticonceptivas. La responsabilidad sexual de dos personas no ha de influir en la legislación del aborto. Más bien habría de afectar a la educación. El hecho de que el aborto sea legal no significa que la mujer se vaya a despreocupar de usar métodos anticonceptivos. Sería impactante que alguna pensara esto, puesto que tener un aborto es algo que toda mujer intenta evitar. Así que es mejor que dejemos que sea ella, con su capacidad de raciocinio, la que decida si es el momento, o no, de tener un hijo. Ana Rodríguez López

Todo por los estudiantes pero sin los estudiantes

El Plan Bolonia ya se puede palpar en nuestra sociedad. Pasó desapercibido. Apenas hizo eco en los medios de comunicación cuando, hace diez años, los ministros de educación de la Unión Europea firmaron por su imposición. Los movimientos sociales anti-Bolonia pusieron el tema sobre la mesa y desde entonces se ha originado un largo debate. La necesidad de una reforma de la Universidad es una idea compartida por muchos estudiantes. Sin embargo, esta reforma ha hecho caso omiso a las peticiones de los alumnos, los cuales se han congregado por toda Europa en un amplio, pero no escuchado, movimiento social.


El temor de muchos estudiantes, y docentes también, es que la universidad deje de ser un espacio público donde se desarrollen las ideas del estudiante y pase a ser una prolongación de las empresas. La entrada del mercado en la financiación de la educación hace que la Universidad se doblegue ante las exigencias de las empresas. Una buena manera para que el Estado reduzca el gasto público y las empresas fabriquen a sus trabajadores ideales.


Otro inconveniente de esta reforma es la manera de acceder al Postgrado. A no ser que tengas entre dos o cinco mil euros, resulta imposible acceder a él. Y teniendo en cuenta que el tiempo del estudiante está totalmente administrado por los profesores, resulta difícil compaginar estudios y trabajo. Esto, y mucho más, es denunciado por muchos estudiantes, pero no son escuchados. Todo por los estudiantes pero sin los estudiantes. Ana Rodríguez López

viernes, 6 de marzo de 2009

La Democracia y la ley del más fuerte

Las elecciones vascas han originado una gran polémica en la que se ha puesto de relieve los grandes déficits de la democracia. Y es que la democracia es la ley del más fuerte. El que gana, manda, y los que no prediquen con él tienen dos opciones: confiar en la política que se haga desde la oposición, eso si tienen suerte, o confiar en el resurgimiento de las minorías más marginales.

En 30 años, Euskadi solo ha conocido una forma de hacer política, la del PNV, desde Lizarra hasta Ibarretxe. Quizás en múltiples formas, pero en esencia solo una manera de hacer política, una política soberanista, nacionalista y personalista. Es una opción de ejercer el gobierno en el País Vasco, pero sería mucho más válida si fuese lo que desea la mayoría del pueblo vasco. ¿Nos olvidamos de toda esa gente que no vota a Ibarretexe? Tal vez sea ya hora de darles una oportunidad a toda esa gente que no vota al PNV. Tal vez, después de 30 años, sea hora de establecer el cambio. De esa manera, dentro de cuatro años, sabremos si la política de Ibarretxe es más acertada de la que podría hacer Patxi López o cualquier otro candidato.

No siempre es bonito ver durante tanto tiempo a un partido en el gobierno. A veces ocurre porque no hay nada mejor, otras veces porque tenemos un partido tan metido en la cabeza que es imposible pensar en otro, quizás otro que salga menos en televisión. Y otras veces porque en ocasiones se hace difícil creer en la democracia, y nos resignamos a votar lo que hay. Votar y callar. ¿O no es difícil imaginar que algún día pueda ganar las elecciones generales del país un partido que no sea PSOE o PP? Difícil pero interesante. Ana Rodríguez López