Se espera que la cumbre del G-20 sea el primer paso importante para combatir la crisis financiera. A los políticos y periodistas se les llena la boca con palabras como “colaboración” y “esperanza”, pero tal y cómo ha empezado la cumbre resulta difícil creer en la solidaridad entre países. La idea de naciones luchando juntas contra la hecatombe parece un cuento de ciencia-ficción, o así la Historia Universal lo refleja.
El más fuerte manda, y ahora que EEUU se ha debilitado parece fácil contradecirles. Pero no resulta tan fácil el creer que la cumbre vaya a producir una pila de países unidos ante la catástrofe. De primeras vemos que el presidente francés, Sarkozy, y la canciller alemana, Merkel, ya han hecho barrera frente a Barack Obama nada más abrirse la cumbre. Así, en este clima de tensión, parece que la colaboración entre países no vaya a ser tarea agradable. La paradoja de esta situación es cómo los ciudadanos esperamos con ansia el triunfo de esta cumbre. Es lógico que queramos que la crisis termine, pero hay que recordar quién nos ha metido en el ajo y quién ha hecho que seamos el pueblo quién más afectado se vea por esta crisis. Los países representados en esta cumbre producen el 25% del PIB mundial. Son los países poderosos, los más ricos, y entre ellos se encuentran los grandes defensores del capitalismo. Y este capitalismo es el que nos está haciendo daño: ahora nos hiere a los ricos, pero siempre ha maltratado a los pobres.
Espero que haya una solución a la crisis, pero no para que sólo los países ricos vivamos bien, sino todos los países. Hasta entonces, la idea de naciones unidas contra el mal me parecerá una historia de ciencia-ficción. Ana Rodríguez López
El más fuerte manda, y ahora que EEUU se ha debilitado parece fácil contradecirles. Pero no resulta tan fácil el creer que la cumbre vaya a producir una pila de países unidos ante la catástrofe. De primeras vemos que el presidente francés, Sarkozy, y la canciller alemana, Merkel, ya han hecho barrera frente a Barack Obama nada más abrirse la cumbre. Así, en este clima de tensión, parece que la colaboración entre países no vaya a ser tarea agradable. La paradoja de esta situación es cómo los ciudadanos esperamos con ansia el triunfo de esta cumbre. Es lógico que queramos que la crisis termine, pero hay que recordar quién nos ha metido en el ajo y quién ha hecho que seamos el pueblo quién más afectado se vea por esta crisis. Los países representados en esta cumbre producen el 25% del PIB mundial. Son los países poderosos, los más ricos, y entre ellos se encuentran los grandes defensores del capitalismo. Y este capitalismo es el que nos está haciendo daño: ahora nos hiere a los ricos, pero siempre ha maltratado a los pobres.
Espero que haya una solución a la crisis, pero no para que sólo los países ricos vivamos bien, sino todos los países. Hasta entonces, la idea de naciones unidas contra el mal me parecerá una historia de ciencia-ficción. Ana Rodríguez López
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