Las elecciones vascas han originado una gran polémica en la que se ha puesto de relieve los grandes déficits de la democracia. Y es que la democracia es la ley del más fuerte. El que gana, manda, y los que no prediquen con él tienen dos opciones: confiar en la política que se haga desde la oposición, eso si tienen suerte, o confiar en el resurgimiento de las minorías más marginales.
En 30 años, Euskadi solo ha conocido una forma de hacer política, la del PNV, desde Lizarra hasta Ibarretxe. Quizás en múltiples formas, pero en esencia solo una manera de hacer política, una política soberanista, nacionalista y personalista. Es una opción de ejercer el gobierno en el País Vasco, pero sería mucho más válida si fuese lo que desea la mayoría del pueblo vasco. ¿Nos olvidamos de toda esa gente que no vota a Ibarretexe? Tal vez sea ya hora de darles una oportunidad a toda esa gente que no vota al PNV. Tal vez, después de 30 años, sea hora de establecer el cambio. De esa manera, dentro de cuatro años, sabremos si la política de Ibarretxe es más acertada de la que podría hacer Patxi López o cualquier otro candidato.
No siempre es bonito ver durante tanto tiempo a un partido en el gobierno. A veces ocurre porque no hay nada mejor, otras veces porque tenemos un partido tan metido en la cabeza que es imposible pensar en otro, quizás otro que salga menos en televisión. Y otras veces porque en ocasiones se hace difícil creer en la democracia, y nos resignamos a votar lo que hay. Votar y callar. ¿O no es difícil imaginar que algún día pueda ganar las elecciones generales del país un partido que no sea PSOE o PP? Difícil pero interesante. Ana Rodríguez López
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