El futuro de la prensa aún tiene que ser escrito pero, desde luego, no parece que la prensa tradicional, la del formato papel, tenga buenos augurios pronosticados. ¿Se puede evitar? Todo indica que no, sin embargo, la batalla de la prensa escrita por salvaguardar su parcela de comercio aún no ha acabado.
No se puede esperar otra reacción de los ciudadanos. Cuando surgieron los intercambios de música “peer to peer”, la gente hizo uso de la tecnología que hábilmente le habían persuadido a comprar los anuncios publicitarios y la utilizó a su favor. La gente dejó de comprar discos porque podía adquirir la canción gratis, es decir, utilizó los medios que las empresas le proporcionaban a su gusto. Algo parecido pasa con la prensa, solo que en este caso no se viola la legalidad ni los derechos de autor. En estos tiempos hay un flujo de información apabullante. Podemos encontrar información acerca de todo. Y la verdadera causa de todo esto es Internet. Las nuevas generaciones siguen leyendo, lo único que cambia es que ya no pagan por comprarse un periódico. En vez de eso lo que hacen es navegar por Internet, donde la información es mucho más variopinta que en la prensa escrita. Cambiarán las formas, pero el periodismo seguirá allí, al igual que los intereses empresariales y las relaciones “medios-política” continuarán existiendo.
Es natural que el cambio asuste. Pero la peor parte se la llevarán los periodistas, los más afectados, y los medios de comunicación, que habrán de actuar rápido para no perder poder. Dejaremos de leer la información tintada en el metro y nos tendremos que acostumbrar a las palabras digitales, o al menos a eso parece que tiende este siglo. Ana Rodríguez López
No se puede esperar otra reacción de los ciudadanos. Cuando surgieron los intercambios de música “peer to peer”, la gente hizo uso de la tecnología que hábilmente le habían persuadido a comprar los anuncios publicitarios y la utilizó a su favor. La gente dejó de comprar discos porque podía adquirir la canción gratis, es decir, utilizó los medios que las empresas le proporcionaban a su gusto. Algo parecido pasa con la prensa, solo que en este caso no se viola la legalidad ni los derechos de autor. En estos tiempos hay un flujo de información apabullante. Podemos encontrar información acerca de todo. Y la verdadera causa de todo esto es Internet. Las nuevas generaciones siguen leyendo, lo único que cambia es que ya no pagan por comprarse un periódico. En vez de eso lo que hacen es navegar por Internet, donde la información es mucho más variopinta que en la prensa escrita. Cambiarán las formas, pero el periodismo seguirá allí, al igual que los intereses empresariales y las relaciones “medios-política” continuarán existiendo.
Es natural que el cambio asuste. Pero la peor parte se la llevarán los periodistas, los más afectados, y los medios de comunicación, que habrán de actuar rápido para no perder poder. Dejaremos de leer la información tintada en el metro y nos tendremos que acostumbrar a las palabras digitales, o al menos a eso parece que tiende este siglo. Ana Rodríguez López
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